Somos mucho más de lo que solemos creer
Siempre me ha maravillado la velocidad a la que son capaces de funcionar los ordenadores; en fracciones de segundo te hacen una división que a nosotros nos lleva varios minutos. Y año tras año esa velocidad aumenta. Se puede decir que nuestra creación nos ha superado ya con creces… o no.

Uno de los problemas más habituales es el de la autoestima. Muchas personas tienen sentimientos de no ser lo suficientemente buenas, capaces, atractivas, y un largo etcétera. Parece que los seres humanos venimos con un complejo de inferioridad atávico que viene de “fábrica” y que luego se manifiesta en esos sentimientos. Pero esto no es así. Esos sentimientos son algo que se ha ido construyendo por los mensajes que hemos recibido de nuestro entorno cuando éramos pequeños. Luego eso queda grabado a fuego y aunque los mensajes se olviden, el sentimiento queda, y es uno de los principales obstáculos que tenemos para vivir vidas plenas y felices.
Lo curioso de todo esto es el sinsentido de ese sentimiento que puede y ha de ser desmontado de nuestro interior. Somos seres extraordinarios con unas capacidades extraordinarias. Simplemente basta con ver un documental sobre nuestro cuerpo y nuestro cerebro para darnos cuenta de la verdadera maravilla que es ese vehículo que nos sirve para transitar día a día por la vida. Volviendo al comentario del comienzo sobre la velocidad a los ordenadores actuales son capaces de hacer una división, esa velocidad es una nimiedad, repito, una nimiedad, comparada con la velocidad a la que funciona nuestro cerebro. Para que podamos reconocer una cara nada más verla, nuestro cerebro funciona a una velocidad que supera con creces a la del ordenador más potente del mundo. Sin ser conscientes de ello, y por lo tanto sin ponerlo en valor, llevamos cada día con nosotros lo que está considerado por los científicos como el sistema más complejo del universo. Y ahí estamos, pobres humanos, sintiendo que no somos lo suficientemente buenos.
Como bien dicen en la cultura hindú, la realidad en la que vivimos es “maya”, una ilusión, un espejismo, formado por nuestros contenidos mentales. Pero una cosa es esa ilusión y otra la realidad. Y la realidad es que tenemos un valor incalculable y una capacidad extraordinaria. Simplemente hemos de tomar consciencia de ello y recordárnoslo cada día al levantarnos para así sentirnos bien con nosotros mismos, con la vida y con los demás. La felicidad, los logros y la plenitud serán consecuencias inevitables de ese sentir.
Que tengas un gran día.
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