Por qué la dicotomía optimista-pesimista es un sinsentido

 

Recuerdo mis años en la universidad con mucho cariño, pero no sólo porque estudiaba cosas que en general me gustaban y me interesaban, sino también por lo bien que me lo pasaba con mis compañeros. Había uno de ellos que yo siempre le tachaba de pesimista porque tenía una cierta tendencia a ver la botella medio vacía y a pensar que si las cosas podían salir mal, era probable que salieran mal. Yo sin embargo era todo lo contrario, tendía a ver la botella medio llena y a pensar que si las cosas podían salir bien, saldrían bien. Era curioso vernos cuando nos enrocábamos cada uno en nuestra visión de la vida y nos “acusábamos” el uno al otro de nuestra posición existencial. Cada vez que él empezaba con su ramalazo “pesimista” y nos contaba que iba a suspender tal o cual asignatura, o que algún otro percance le iba a ocurrir, yo le decía: “Eres un pesimista”, a lo que él una vez me contesto: “Y tú un optimista. Pero sabes qué te digo, que un pesimista es un optimista bien informado”.

 

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Supongo que en aquel entonces no le di mayor importancia al comentario y seguí con mi tendencia a ver la botella medio llena. Sin embargo, por el motivo que sea, esa frase se quedó grabada en mi memoria, mucho más que las cientos y cientos de cosas que tuve que estudiar y que hoy, en su gran mayoría han quedado como posos en el saco del olvido. En aquella época no podía yo imaginar que mi vida iba a tomar el rumbo que luego tomó, y que el pensamiento y cómo lo enfocamos iba a ser algo de lo que acabaría escribiendo y enseñando. Quizá, en lo profundo de mí algo ya atisbaba y por eso ese comentario que quedó grabado en mi memoria y cómo se hace una Transformada de Fourier (una herramienta matemática para el tratamiento de señales de telecomunicaciones) ha pasado al olvido.

Hoy me he levantado con ganas de escribir sobre esta dicotomía entre optimismo y pesimismo porque más allá de significar dos maneras de enfocar la vida, son dos tipos de pensamiento que tienen un efecto en nosotros y en nuestra vida bastante considerable. Hace un tiempo leí sobre un estudio hecho en Canadá en el que los investigadores demostraron que las personas optimistas envejecen mejor: disfrutan más de la vida y tienen un menor deterioro físico en la vejez. Esto es algo que ya muchos sospechábamos, pero que ahora cuenta con el aval del todo poderoso “método científico” que estudia las relaciones causa-efecto. La relación entre el enfoque del pensamiento y nuestro estado físico no es nueva; desde la aparición de la medicina mente-cuerpo, se han obtenido muchas evidencias científicas sobre el efecto que los pensamientos que pululan por nuestra mente tienen en nuestro cuerpo. Por ejemplo, la prestigiosa clínica Mayo de los Estados Unidos evaluó que los optimistas presentan una longevidad del entorno al veinte por ciento superior a la de los pesimistas. Sin embargo, esta es la primera vez que se analiza la relación entre el deterioro físico que se produce con el inevitable paso del tiempo y el optimismo.

He titulado este artículo “por qué la dicotomía optimista-pesimista es un sinsentido” porque, si la razón para ser pesimista es, como decía mi amigo de la universidad, el estar bien informado, hoy en día tenemos suficiente información sobre los efectos positivos del optimismo en nuestra vida como para apoyar el esfuerzo que en muchos casos puede requerir adoptar este enfoque. Indudablemente, no quiero yo aquí hablar de un optimismo infantil que no ve las realidades de la vida, que en ocasiones no son demasiado positivas y que nos pueden enfrentar a retos, problemas y situaciones difíciles. Sin embargo, cómo enfoquemos esas realidades y lo que hagamos con ellas marca la gran diferencia. Yo a esto le llamo un optimismo proactivo porque éste es un optimismo que enfoca lo mejor de cada situación, las posibilidades y las oportunidades, y que confía en que las cosas van a ir bien, no porque de manera espontánea vayan a tender a ir bien, sino porque busca la manera de que vayan bien.

Volviendo a mi amigo de la universidad, no es lo mismo pensar que te va a ir bien en un examen cuando te lo has preparado bien que cuando te has leído por encima el temario y “confías” en que van a caer precisamente las tres preguntas que te sabes. Éste sería un optimismo “de casino”.

Cómo enfocamos nuestro pensamiento tiene mucho que ver con nuestra personalidad y lo que hemos vivido. Si tenemos la suerte de haber desarrollado el rasgo optimismo, éste nos va a ayudar mucho en la vida, como por ejemplo a envejecer mejor, tener menos enfermedades y vivir más años. Si por el contrario hemos desarrollado un enfoque de pensamiento más “pesimista”, esto no es una cruz que hayamos de llevar hasta el final de nuestros días. El pensamiento, como cualquier otra habilidad, se puede entrenar.

Que tengas un gran día.

 

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