La relajación como necesidad de nuestro tiempo, y estrategia de satisfacción vital

 

Te propongo un pequeño test:

  1. ¿Cuánto tiempo pasas cada mañana en un embotellamiento o en un medio público de transporte abarrotado?
  2. ¿Cuántas veces en la semana debes tener cosas para “ayer”?
  3. En una escala de 1 a 10, ¿cuál dirías que es el nivel de presión que sientes en tu trabajo?
  4. ¿Sientes incertidumbre y, de alguna manera, preocupación por tu futuro y el de tu familia?
  5. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste que aprender algo nuevo?
  6. ¿Cuántos correos electrónicos recibes a diario?
  7. ¿Tienes que ocuparte de responsabilidades familiares cuando llegas a tu casa después del trabajo?

 

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Las respuestas a estas preguntas te dan una idea del nivel de presión en el que vives. Indudablemente, cada uno tenemos un organismo y una personalidad que influye en cómo nos afecta esta presión y en la mayor o menor necesidad que tenemos de introducir la relajación en nuestros hábitos diarios. Sin embargo, no he conocido todavía a nadie que no se haya visto beneficiado con la incorporación de la relajación en su vida, aunque sólo haya sido por las sensaciones placenteras que produce.

La afirmación de que el estrés ha pasado a formar parte de nuestra vida es algo en lo que muy probablemente estés de acuerdo conmigo. Pero si no lo estás, te doy algunos datos: las estadísticas indican que entre el sesenta y el noventa por ciento de las visitas al médico tienen que ver con problemas relacionados con el estrés; el estrés es causa de entre el cincuenta y el sesenta por ciento de los casos de absentismo laboral; las Naciones Unidas han declarado que el estrés laboral es la epidemia del siglo XXI.

¿La razón de ello? Cambio permanente y acelerado, complejidad creciente de la vida, gran competitividad, sobrecarga de información, necesidad de aprendizaje permanente, carga de trabajo, incertidumbre, dificultades económicas, dificultades para conciliar responsabilidades familiares y laborales… y la lista de factores estresantes que han pasado a formar parte de la vida actual y que en mayor o menor medida a todos nos afectan, podría continuar.

Todo ello hace que introducir la relajación en nuestra vida se haya convertido casi en una necesidad para mantener no sólo nuestra salud y bienestar, sino también nuestra satisfacción vital y nuestra felicidad.

Hace unos años realicé un programa con ejecutivos de un canal de televisión, del que formaba parte el aprendizaje de técnicas de relajación. Una de las tardes se dedicaba por entero al estrés y a aprender diferentes técnicas para combatirlo. Muchos de los participantes nunca habían realizado una relajación activa y se sorprendían al experimentar las placenteras y agradables sensaciones que produce. Fíjate que he utilizado el término relajación activa. Se llama así porque es algo más que descansar un rato en el sofá o ver tranquilamente la televisión. Se llama activa porque hacemos algo que induce a un estado de profunda relajación física y mental. Dejamos de procesar información y permitimos que nuestra mente se silencie y que nuestro cuerpo se relaje. Es muy importante silenciar la mente porque relajar el cuerpo manteniendo toda la actividad cerebral, si bien es beneficioso, no tiene los mismos efectos de desactivación del organismo ni es tan placentero. Esto es especialmente relevante en esta sociedad actual llamada de la información en la que nuestra mente tiende a estar sobrestimulada y en constante actividad debido a que estamos recibiendo, absorbiendo y utilizando información permanentemente a través de los múltiples dispositivos con que contamos: teléfono inteligente, ordenador, tableta, televisión.

Hay diferentes métodos que puedes utilizar para relajarte, desde los baños calientes a la meditación, pasando por los masajes. Lo importante es que elijas el que más placentero te resulte y mejor se adapte a tu estilo y circunstancias de vida, pero sobre todo, que te proporciones regularmente momentos de profunda relajación física y mental.

 

Que tengas un gran día.

 

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