Lo que realmente importa

¿No has tenido la sensación en más de una ocasión de que la vida va tan deprisa que no te permite pararte para respirar y pensar en las cosas importantes?

 

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Vivimos en una época de la historia caracterizada por la velocidad, el cambio, lo inmediato y lo efímero. Esto no es, en mi opinión, ni bueno ni malo, simplemente es es la realidad del mundo en el que transcurre nuestra vida. ¿Tiene esta realidad algo bueno? Pues claro que sí, muchas cosas buenas. Sin ir más lejos, si nos hubiese tocado vivir hace un par de siglos, nuestra esperanza de vida no pasaría de los cuarenta y pico años. Sin embargo hoy, con la altísima velocidad que lleva la evolución y el desarrollo de la medicina, las enfermedades son dominadas en espacios de tiempo cada vez más cortos. Incluso, con todas las posibilidades que ha abierto el descubrimiento del genoma humano, en breve muchas de las enfermedades que todavía hoy nos generan sufrimiento y se nos llevan por delante, serán eliminadas. Por eso, éste es un gran tiempo de la historia en el que estar vivos.

Pero también es cierto que ese ritmo tan alto que ha adoptado la vida tiene sus consecuencias en nosotros y en nuestro bienestar psicológico. Cuando la hierba sobre la que pisamos está siendo constantemente segada por la máquina del cambio, se produce en nosotros la angustia de la incertidumbre y el miedo que ello conlleva, pero también se produce una sensación de falta de raíz y de solidez en nuestro ser, una desconexión con nosotros mismos provocada por tener que estar permanentemente surfeando la cresta de la ola.

La pregunta que quizá te estés haciendo es ¿…y qué se puede hacer? Aunque quizá sería mejor empezar cuestionándonos lo que no podemos hacer. Lo primero que no podemos es quejarnos porque eso nos pone en un estado interior de impotencia que es depresivo y limitador. Y lo segundo que no podemos hacer es aceptar vivir una vida menos plena, satisfactoria y feliz de la que todos y cada uno de nosotros nos merecemos. Desde esta actitud ya podemos preguntarnos sobre lo que hacer.

Lo primero es tener una clara conciencia de lo que realmente importa porque en el mundo de lo rápido podemos con mucha facilidad perder de vista lo que realmente importa. Fíjate que he utilizado la expresión “lo que realmente importa” y no “lo que es importante para mí”. Lo he hecho intencionalmente porque lo que es importante para cada uno de nosotros va variando a lo largo del tiempo, algo que es muy importante hoy, en unos meses o años deja de serlo para dejar paso a otra cosa. Sin embargo la expresión “lo que realmente importa” nos invita a una reflexión profunda y espiritual, a pensar en nuestra Vida con mayúscula, a reflexionar sobre el significado y el propósito que le damos y sobre lo que queremos que sea este viaje que sabemos el día que comenzó y que un día, cercano o lejano, llegará a su fin.

Ésta reflexión y sus conclusiones son como un ancla que nos da solidez de ser, pero también un timón que nos ayuda a tomar decisiones para que nuestra vida sea plena, satisfactoria y feliz.

Que tengas un gran día.

 

 

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