El valor de la perseverancia: Las lecciones del Coyote

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¡Quién no recuerda al Coyote y al Correcaminos! Al menos, todos los niños de mi generación crecimos viendo en televisión los dibujos animados en los que el Coyote intentaba infructuosamente una y otra vez atrapar al Correcaminos para zampárselo. Nunca lo conseguía, a pesar de utilizar todos aquellos artilugios de la marca ACME que siempre acababan explotándole en la cara.

 

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Ninguno de nosotros le vio conseguir su objetivo -atrapar al Correcaminos-, sin embargo, parece que lo logró. Según un artículo publicado en el blog “No puedo creer noticias”, existe un presunto episodio inédito de la serie encargado por un millonario japonés a la Warner Brothers en el que finalmente el Coyote logra su anhelado botín.

No sé si esto será cierto o no, pero sí que me ha hecho pensar en el valor que tiene la perseverancia para lograr nuestros objetivos. El Coyote nos enseñó cómo la rendición y el desánimo no eran una opción, y que cuando quieres algo realmente has de ir a por ello y no darte por vencido. Haciéndolo de esta manera, siempre se acaba por lograr lo que se busca. Las personas a las que miramos con admiración por sus logros suelen tener una característica común: la perseverancia y seguir, como el Coyote, intentándolo una y otra vez. Luego, cuando logran su objetivo, ven que cada fracaso o revés recibido no ha sido más que un paso en la dirección del éxito que ha reforzado su sabiduría, su capacidad o su voluntad.

Todos tenemos deseos, sueños y metas en nuestra vida. A nada que nos paremos y pongamos la atención en nuestro corazón, enseguida los vemos. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros los perseguimos con la misma perseverancia que el Coyote perseguía al Correcaminos? Hay una verdad fundamental cuya ignorancia hace que muchas veces abandonemos nuestros sueños, y es la ignorancia de una ley básica de la vida: todo logro requiere de su proceso. Esto significa que hemos de recorrer el camino, y que en el camino nos encontraremos de todo, fracasos incluidos, pero que hemos de ver como lo que son: un paso en la dirección del éxito.

La semana pasada tuve una conversación con un amigo mío que está evaluando la posibilidad de dejar su trabajo y emprender un proyecto empresarial. Emprender ese proyecto es un sueño y un anhelo de su corazón pero también se enfrenta la duda ya que supone dejar lo conocido y donde tiene una seguridad para lanzarse a la aventura. Hablando del proyecto, me decía: “puedo darme un año para intentarlo, y si no funciona, dar marcha atrás y volver a donde estoy”. Este comentario, que parece muy razonable, encierra en sí la semilla del fracaso, y esa semilla está en la palabra “intentarlo”. Las personas que logran el éxito no se meten en algo para intentarlo sino para conseguirlo, para ellas, el fracaso no es opción, y si tienen fracasos a lo largo del camino los ven como pasos dados hacia el éxito.

En este post de hoy te quiero dejar este mensaje: si tomas la decisión de materializar un sueño o lograr una meta que tengas, ponte a ello para lograrlo, no para intentarlo, y repite frecuentemente en tu mente la afirmación “el fracaso no es opción”.

Que tengas un gran día.

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