El tren de la ilusión

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En muchas ocasiones he escuchado esa frase de que el mundo es un tren que va muy rápido y que si no te subes en él te quedas atrás y totalmente fuera, y la verdad, he de decir que estoy de acuerdo. Más allá de que nos resulte más o menos cómodo eso de cambiar, el cambio es una realidad de nuestros días que nos obliga a estar casi en permanente estado de transformación para adaptarnos a las nuevas realidades que van surgiendo en el mundo en que vivimos. El cambio se ha convertido en nuestro compañero de vida. Aunque si lo miramos bien, el cambio siempre ha sido algo consustancial a la vida; de hecho, vida es sinónimo de un proceso dinámico, y lo estático es sinónimo de muerte.

 

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En este post me gustaría cambiar de nombre a este tren, y en lugar de llamarlo el tren de la realidad, al que te tienes que subir obligadamente porque si no “sufrirás” las consecuencias, llamarlo el tren de la ilusión, la ilusión por el futuro, por las nuevas realidades, por nuestra contribución a construir un mundo mejor para nuestro propio futuro y para el de nuestros hijos, y el de los hijos de nuestros hijos y así sucesivamente.

Ahora se habla mucho de que en estos momentos una época que está terminando y otra que se está abriendo. Estoy de acuerdo, parece que hay un proceso de disolución de las viejas realidades, ya sean tecnológicas, económicas, sociales, culturales o personales, para dar paso a otras nuevas. Esto podemos vivirlo con angustia y ansiedad, pero también con ilusión por lo nuevo a crear y por los nuevos escenarios de vida por los que podemos transitar.

La ilusión es una emoción positiva que nos llena de vida y nos hace sentirnos felices. Mira tu propia experiencia. ¿Cómo te has sentido cuando has tenido ilusión por algo? Lo que ocurre es que a medida que vamos cumpliendo años parece que el músculo de la ilusión, que tan fuerte estaba cuando éramos niños, se va debilitando y perdiendo tono. Hay estudios que muestran que perdemos entorno a cuarto de kilo de masa muscular cada año si no hacemos algún tipo de ejercicio físico de fortalecimiento. Esta es la causa de la fragilidad que muchas personas tienen a edades avanzadas. Bueno, pues con la ilusión, a la que yo calificaría como músculo espiritual, pasa lo mismo: si no la ejercitamos, va perdiendo tono y a medida que vamos cumpliendo años se va debilitando, y con ello nuestra capacidad para experimentar felicidad y plenitud.

El cambio de las realidades que estamos experimentando en estos momentos lo podemos vivir desde la angustia y la ansiedad o desde la ilusión por lo nuevo y por convertirnos en un agente activo de creación de las nuevas realidades que surjan de este proceso de destrucción. Esto requiere de mirar al futuro con optimismo, pero un optimismo proactivo, como el del que hablaba en mi anterior post, un optimismo basado en mirar la realidad tal cual es, quedarnos con los aspectos positivos y tomar iniciativas para materializar el futuro que nos hace “vibrar”.

Que tengas un gran día.

 

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