El peor pecado que uno puede cometer

 
“He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz”. Estas palabras no son mías, son de Jorge Luis Borges, y forman parte de su poema El Remordimiento, pero son palabras que suscribo completamente. Si lo que parece que en última instancia todos deseamos es ser felices, no serlo es un pecado; y aquí utilizo la palabra pecado no desde el significado moral/religioso que solemos darle sino desde el significado primigenio de ésta que tiene su raíz en el Griego, y que es “errar el tiro”.

 

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Si no somos felices, estamos errando el tiro, no estamos dando en el blanco de la diana de la vida porque ese profundo anhelo interior que es parte de la naturaleza humana no está ahí por casualidad. Si sentimos sed es porque nuestro cuerpo necesita agua, y si no se la proporcionamos, se va deteriorando poco a poco hasta llegar a morir. Con nuestra sed de felicidad pasa lo mismo, pero en este caso quien tiene la necesidad no es el cuerpo sino el alma, y es ésta la que muere de sed si no experimenta la alegría de vivir.

Acabamos de comenzar un nuevo año y todos tenemos muy presentes esos deseos que hemos recibido y que hemos transmitido de felicidad para este año 2015. Por delante tenemos 365 días para saciar nuestra sed interior de felicidad, que al igual que el agua, es responsabilidad nuestra de obtener. Creo firmemente que al igual que todos tenemos derecho al agua por ser éste un elemento básico para la vida, también todos tenemos derecho a la felicidad, elemento básico de la vitalidad de nuestro espíritu. Pero todo derecho siempre conlleva una responsabilidad, somos nosotros los responsables de obtener eso que necesitamos. ¿Alguien piensa que puede saciar su sed de agua si no se acerca al grifo, a la fuente, o compra una botella? Entonces ¿Por qué muchas veces pensamos que la felicidad es algo que nos tienen que proporcionar otros o que tiene que venir desde fuera?

Siempre me ha sorprendido cómo algunas personas con circunstancias difíciles en sus vidas se muestran animosas y felices, y otras con circunstancias mucho mejores se sienten tristes y desgraciadas. ¿Influyen las circunstancias en nuestra felicidad? Sí, claro que sí, unas buenas circunstancias de salud, familiares, económicas y sociales ayudan mucho, pero no son condición imprescindible. Sin embargo, lo que sí es imprescindible es nuestra actitud y cómo nos planteamos y vivimos nuestra vida porque esto es lo que en última instancia nos lleva a vivir una vida feliz.

Ahora, en este comienzo de año, te quiero hacer una sugerencia: mira cada día tu vida como un regalo del que vas a poder disfrutar por un tiempo limitado y disponte, día a día, a disfrutar de él.

Que tengas un gran día.

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