Comenzando el año con ilusión

 

Acabamos de comenzar un nuevo año y ésta es una experiencia que ya todos conocemos, hemos pasado por ella unas cuantas veces, en algunos casos muchas veces. Desde un punto de vista práctico, principios de enero no es tan diferente a principios de abril o de julio; cada mes tiene sus connotaciones propias de la época del año en que nos encontremos. A principios de enero estamos saliendo de las Navidades y de todo lo que éstas significan desde el punto de vista social, familiar y religioso; pero si nos vamos al mes de abril nos encontramos con la llegada de la primavera para aquellos que vivimos en el hemisferio norte, con lo que esto significa de expansión de la vida que el buen tiempo trae, y en el caso de julio, llega el comienzo del verano y de la época de vacaciones estivales. Visto así, enero no tiene nada más especial que otros meses, pero la verdad es que sí lo tiene, tiene el simbolismo especial que le hemos dado como comienzo de esos espacios de tiempo en que hemos dividido nuestra vida y que llamamos años. Enero es el comienzo de un nuevo período de 365 días que tenemos por delante que “vivir”.

 

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Enero tradicionalmente es el mes de los nuevo propósitos, de bajar esos kilillos que hace tiempo tenemos ganas de quitarnos, de introducir definitivamente el ejercicio en nuestra vida, de inscribirnos en tal o cual curso que hace tiempo llevamos con ganas de hacer, de mejorar la relación con nuestra pareja, de hacer ese viaje que tanta ilusión nos hace, etc. etc. etc. El comienzo del año siempre nos invita a proponernos cosas que queremos cumplir y esto nos llena de ilusión, de energía y de entusiasmo. Sin embargo, muy a menudo todo ello va perdiendo intensidad a medida que el día a día se va apoderando de nosotros como una especie de destino inexorable, de agujero negro que con su fuerza gravitacional se come nuestros propósitos, nuestra energía y nuestra ilusión.

Y aquí es a donde yo quería llegar con esta reflexión de comienzos de año, a la ilusión, porque es ésta la que en última instancia nos lleva a donde queremos estar y a la vida que queremos vivir, la que nos da la energía para hacer el camino y el trabajo que se requiere, y en definitiva, la que nos llena el alma con esa cualidad que es un componente importantísimo de la felicidad y que tiene su manifestación física en el brillo de la mirada.

Sí, es verdad que la vida nos presenta múltiples retos, problemas y situaciones, la vida es así, esta es su cara B, aunque algunos, entre los que me encuentro, pensemos que son precisamente estos retos, problemas y complicaciones los que nos dan la oportunidad de crecer y convertirnos en mejores seres humanos, más ricos en experiencia, más sabios y más evolucionados. Cuando miramos la vida desde una perspectiva lo suficientemente alta, al igual que ocurre cuando miramos una ciudad desde lo alto de una montaña, todo se relativiza y conectamos con un sentido de nuestra vida mucho más profundo que nos ayuda a ver los problemas, retos y dificultades dentro del contexto más amplio del significado de la vida, y también nos permite sacar conscientemente los aspectos positivos que en casi todas las situaciones podemos encontrar.

En este nuevo año que ahora comienza, siéntate, si no lo has hecho ya, un día durante media hora a escribir lo que quieres que te traiga este año, a la realidad que te gustaría tener cuando este ciclo de 365 días termine el próximo 31 de diciembre. Sé realista pero también ambicioso/ambiciosa, permítete soñar porque en los sueños está la ilusión, y ésta será tu energía. Pon todo ello por escrito y tenlo a la vista cada día. Incluso mejor, si puedes, haz un collage de recortes de fotografías que muestre esa realidad y ponlo en un lugar en el que lo puedas ver cada día. La ilusión es como el romanticismo, hay que alimentarlo día a día, y si lo hacemos, la llama nunca se apaga.

Te deseo que en este nuevo año la ilusión sea tu compañera de viaje y que te ayude a lograr lo que quieres lograr y a vivir lo que quieres vivir.

Que tengas un gran año.

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