Las necesidades del alma

 

La palabra alma nos evoca inmediatamente a la religión, especialmente en occidente ya que dentro de la religión católica –la predominante en esta parte del mundo- el alma es nuestra esencia espiritual que trasciende nuestra vida terrenal. Ciertamente, la existencia o no de esta parte nuestra dependerá de las creencias que tengamos. Para alguien que crea que nuestro cuerpo es todo lo que somos, el alma no es más que el producto de unas creencias –erróneas- que han sido transmitidas por la religión. Pero el significado de la palabra alma no sólo lo hemos de ceñir a las creencias espirituales.

 

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En el campo de la psicología profunda el alma o ánima es entendida como esa parte más profunda de nuestra psique de la que no somos conscientes pero de la que proceden impulsos, sueños, deseos y anhelos. Nuestro espacio interno tiene muchos niveles de profundidad, es como un mar del que sólo somos conscientes de su superficie. Pero debajo de ésta, al igual que ocurre con los océanos, hay kilómetros de agua cuyas corrientes se dejan sentir en la superficie. Esas aguas también son parte de nosotros, de la totalidad de nuestro ser.

Sin entrar en si ese océano interior contiene una parte trascendente o no, lo que sí podemos afirmar es que ese plano interior de nuestro ser existe y es importante atender sus necesidades al igual que hacemos con las necesidades de nuestro cuerpo y nuestro corazón como veíamos en el post anterior . En primer lugar, esa parte interna nuestra necesita que reconozcamos su existencia y que la visitemos de vez en cuando. Y esto es muy sencillo de hacer, no hemos más que darnos un tiempo cada semana para estar con nosotros, aunque sea diez minutos, un tiempo en el que nos “hacemos una visita”, para ver qué tal estamos y qué necesitamos.

Esto último es muy importante porque lo mismo que el cuerpo tiene necesidad de alimento físico, nuestra alma tiene necesidad de alimento espiritual. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que la profundidad de nuestro ser tiene necesidad de que sus sueños y anhelos sean satisfechos. Todos vemos cómo nuestro cuerpo va, desde que nacemos, creciendo y evolucionando; éste es un proceso que viene marcado por nuestro ADN y que rige nuestro “destino” biológico. En el caso del alma pasa igual; los anhelos profundos de hacer algo en nuestra vida o de ser algo, son parte de nuestro ADN espiritual y marcan el rumbo que nuestra vida está llamada a tomar. ¿De dónde viene esto? ¿de Dios, del espíritu, del inconsciente profundo? No lo sé, pero sí sé que existe y que en la medida en que atendemos esa necesidad interior experimentamos satisfacción y alegría en nuestra vida.

Lo que ocurre es que, como sociedad, hemos perdido contacto con esa parte nuestra y vivimos surfeando en la superficie de las aguas, que si bien puede ser estimulante, tiene el efecto de hacernos sentir sin raíz e insatisfechos.

Mi sugerencia: dedica cada semana diez minutos a visitarte para ver qué tal estás y que necesitas; y luego atiende esas necesidades, persigue tus anhelos y tus sueños.

 

Que tengas un gran día.

 

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